sábado, 14 de enero de 2017

Culpable, Señoría (o La Caza de Brujas de Internet)



Escrito en conjunto con Bertowulf (https://rolpolice.wordpress.com)

Este artículo, mezcla de reivindicación y desahogo, viene a sumirme en la resignación digital. Me rindo, señoría, me declaro culpable sin cometer delito. Dejo de batallar en una guerra en la que ni siquiera participaba. Asumo el rol que lleva el mundo y permito que me quemen, donde quedaré más chamuscado internamente por dudas y preguntas respondidas con esa violencia tan de moda.

Hablando con mi amigo Bertowulf sobre un incidente que relataré, llegó a la conclusión que las redes sociales, en esencial Facebook, se han convertido en Salem. A la mínima te acusan de bruja, para después quemarte a base de acusaciones entre improvisadas y extraídas de una verdad universal que en teoría hay que ser idiota para no comprender o aceptar como tal. Seres humanos de todos los campos y ciencias buscando tal verdad desesperadamente, y resulta que estaba delante de nosotros todo este tiempo. Gracias, Internet, por abrirme los ojos y cegarme con la luz de tu fuego purificador. Lo que no me dijiste es que tendría que barrer yo mismo mis cenizas; mucho menos que la letra escarlata del paria figuraría en mi frente para siempre.
Y es el resabiado de Bertowulf el que también elaboró la teoría/alegoría por la que afirma que estamos repitiendo el siglo XX, ubicándonos de nuevo en tiempos de La Ley Seca. Los ultra-religiosos del orden ahora son los profetas del “buenrollismo”, expiando nuestros pecados sin pedirlo ni necesitarlo, ”salvándonos” incluso a nuestro pesar pues desconocíamos haberlos cometido. A base de prohibir el alcohol, se fomentó su consumo ilegal, y cuando el número de garitos y locales clandestinos era incontrolable, la absurda ley tuvo que caer. El problema radica en que aquello fue realizado en un país, esta situación actual está globalizada. Impredecible la resolución. Me hace pensar también que, si estamos repitiendo el siglo pasado, ¿la nueva guerra mundial será digital?. ¿Son éstos los cañones de Agosto que marcan este siglo?. Quizás es demasiado aventurado por el momento como para poder dar una teoría con base real.

Mi ira pecadora (creía que todo el mundo tenía derecho a expresarse y sentir emociones, señoría) surge de que siendo pasivo en la guerra de las redes, me he visto involucrado. La infalible lógica dice que si no actúas nada sucede, pero la pobre se enfrenta a un nuevo paradigma o paradoja al encontrar que incluso los inactivos que se preocupan sólo de su vida diaria reciben también su merecido. El intervencionismo digital hace suyo el dicho de “la indiferencia te hace culpable”.
Hay cierto perfil en Facebook donde se desarrolla un personaje ficticio, cuya contrapartida física, conozco en persona. Niego aún que la persona física y la del perfil sean la misma, pero temo por dentro que ya se hayan fusionado. Lo que empezó como una lucha por los derechos y la moral a base de publicaciones en el muro, ha acabado resultando en un pozo de odio constante y críticas hacia un mundo que declara infestado de peligros, defectos e injusticias a cada esquina. Sin lugar para la duda, o la negociación. Sin piedad ni merced alguna. Lo peor es que ese perfil no está solo, cada vez hay más y más similares, defendiendo derivados de la ley universal, o nuevas injusticias, reales o no, que añadir al acervo cultural del movimiento, según el día. En resumen: así no se puede vivir. No debería importarme la vida de esa persona, es libre de desahogarse en su perfil, pero el problema es que salpica cuando ni siquiera estás al alcance, independientemente de si tienes o no relación directa con ésa persona.

Internet es una herramienta poderosa tanto para mejorar nuestra persona como para empeorarla. Para variar, las personas nos dejamos tentar y malempleamos toda idea a nuestro alcance. Es nuestra naturaleza, no podemos evitar ver las dos caras de todo. El visionado de porno se compensa con los vídeos de gatitos, que curan el remordimiento de lo que acabamos de ver o hacer y del tiempo que sabemos que hemos perdido. Eso siempre será lo más frecuente en la red. Lo que quiero decir que usar Internet de la manera que creamos conveniente es de lo más legítimo, mi problema es cuando ese Matrix se mezcla ya con la vida personal y la ajena. Tal perfil ha ido creciendo hasta obsesionar a las personas de mi alrededor. Mis cercanos llegan al punto de amargarse o deprimirse el día por culpa de una sencilla publicación que defiende la demagogia de turno. Con esta actitud se cultivan las mentes de los seguidores con desinformación, se les insta a imitar un modelo de dudosa madurez que se deja llevar más por lo emocional que lo racional. Cual secta de profeta loco del momento, se contagian de un filtro o ángulo de la vida que enfoca todo hacia el mismo problema. Cualquier aspecto de la vida, actitud, objeto… todo está impregnado con ese problema, y el perfil principal ─y con ello la persona que hay detrás─ termina adquiriendo un odio amargo que necesita expulsar para después absorber más del que expulsó, creando un bucle donde todos acabamos involucrados. Como una epidemia, se infecta uno del buenrollismo radical y se expande por toda cuenta de Facebook del mundo al ritmo de que, lo que en principio fueron años y después meses, ha llegado a adquirir por inercia, una velocidad de días u horas.
Me da igual esa lucha, ésa no es mi guerra, no me involucro, uso Internet para escribir, leer, chatear y escuchar música, de verdad me dan igual las cruzadas que quieran liderar esos libertadores que, incluso, se enfrentan entre ellos defendiendo… ¡las mismas ideas!. A mí lo que me afecta es que alteren mi alrededor, esa infiltración infecciosa de lo digital en la realidad, y con ello mi vida personal. Estoy cansado que por una simple publicación tener que animar a mis amigos que acaban sintiéndose incluso culpables tras una discusión (que no debate) en el perfil público de turno. Harto de quedar con amigos y que parte del tema de conversación gire en torno a los supuestos problemas que escupe Internet y que a la semana siguiente ya ni se recuerdan porque lejos de ser de capital importancia, sólo son un leño más a la hoguera, de comprobar cómo gente bloquea las publicaciones del libertador que nadie pidió y que acabe entrando de nuevo a ese perfil, de descubrir cómo a escondidas personas cercanas están fisgoneando el muro de quien le afecta, para ver qué publica a cada instante para irritarse casi como un placer culpable, como quien ha encontrado al enemigo perfecto.

Y esta es una realidad que sucede, y no a poco nivel.

Fue entonces que decidí actuar. Dejé un señuelo del tema reivindicador de moda en mi muro pero, a quien acuso, no acudió. Decidí hacerlo de forma más directa entre los afectados. Pero ni se pronunció. No me quedaba otra que entrar en su territorio y enfrentarme cara a cara contra el elegido que ninguna profecía previó. Pero supe que de nada serviría por lo que ya había presenciado. Me paré a pensar y me percaté que el buenrollismo es otro concepto de tantos con dos caras, siendo en esta ocasión la obvia de mostrar un aspecto de justicia pero que en el interior guarda la corrupción más mediocre. He presenciado cómo decenas de personas daban una paliza nazi verbal a un pobre diablo que sólo dijo lo que pensaba, o a otro que llevó la contraria y acabó sepultado en comentarios. Gente razonable, con buenos puntos de vista y empatía se enfrentaron bien armados en dichos muros y no fueron escuchados, chocando con otra clase de muro que sólo les hizo malgastar su energía y regresar a casa afectados de náuseas. De nuevo, permanecí sin actuar, llevado de la mano por la cordura para dar media vuelta. Mi conclusión en ese estado fue que dijese lo que dijese, resultaría contraproducente, pues la efigie viva sólo se reafirmaría en su opinión y se convertiría en piedra un poco más, pensando que se hace más fuerte. Entre los amigos hemos decidido ignorar o bloquear ese perfil, un modo de ganar aunque el mal no se haya extinguido.

Aquí sentado y escribiendo lo analizo, me sirve de reflexión para concluir y sentir pena, una tristeza por el personaje que ha acabado devorando a la persona. Lo peor que esa persona se sentirá orgullosa del poder que ha adquirido en sus cuatro paredes llenas de mensajes banales. En mi experiencia sé que ni todos los libros juntos pueden acabar con las injusticias, y más las que supone esta gente combatir. He aprendido que actuando es el único modo, que la teoría nunca ha cambiado nada sin la ayuda de las manos, que se debe aprender otra clase de sabiduría que no puede ser leída. Si estas personas que machacan a base de publicaciones vivieran realmente una sola experiencia de aquellas contra las que luchan dejarían de escribir tanto tras una pantalla, y actuarían más en el mundo real, donde su ayuda podría marcar una diferencia.
Además estoy harto, cansado que cualquier noticia que se publique por Facebook se tome como verídica sin pensar, de consejos y experiencias de andar por casa que se siguen sin plantearse si es lo que de verdad queremos o necesitamos. Al fin hemos conseguido que todo el mundo tenga su voz y voto, ¿pero el resultado ha sido lo mejor? Es libertad, señoría, y es imposible no amarla. Pero queriendo evitar el caos hemos creado el nuestro propio. Acusamos a gobiernos, cuando estos se preocupan de economías y leyes, no de nosotros per se, que ya nos cuidamos y mutilamos solitos. No hay un enemigo al acecho de la frontera, sino en el perfil que tanto lees con fervor y que te hace enfocar las cosas que no te has parado a pensar de un modo nuevo que ni cuestionas. Se secuestran opiniones con mentiras, tal y como se ha hecho siempre para alcanzar el poder. Pero ésta vez es tan sólo en aras de un narcisista deporte.

Por lo que a mí respecta, me declaro culpable, sabiendo que no he cometido delito. Ni siquiera se me puede acusar de eso, de no actuar. Pero soy culpable en potencia y por defecto, por el mero hecho de existir y de ser capaz de todo lo imaginable. Tengo las armas (los puños), la intención (mi órgano sexual) y mi malicia (la mente), aunque jamás haya hecho daño a nadie. El simple hecho de poder hacerlo ya me hace peligroso. Por favor, señoría, senténcieme a la pira y resolvamos esto cuanto antes, de una forma limpia y digna, no sea que esos radicales del bien acaben conmigo de una forma peor.

jueves, 24 de noviembre de 2016

La Locura de Internet



En el podcast de hoy hablamos de Internet en general a partir de varios artículos. Ha quedado completo y redondo, es la sensación que tuve al terminarlo. Un programa del que estar orgulloso:


El caso que esto me anima a hablar de una vez de lo que veo por redes sociales. Me entristece, me pone entre serio y triste la de discusiones (que no debates) que surgen, algunas veces desencadenando disputas donde la reconciliación ya no parece una opción. Que si feminismo y machismo, defensa de películas y similar por encima del amor propio (o exceso de ello), que si el comportamiento de juzgar y juzgar... ya no merece la pena compartir lo que te gusta, ya no se trata de eso, sino de compartir lo que defiendes, diferencia que define una actitud en ocasiones peligrosa.
En el programa hablamos de la falta de documentación. Muchas veces se defienden hechos porque sí, porque estamos de ese lado y, pase lo que pase, hasta el final, sin importar. Aunque se demuestre lo contrario (que toda opinión tiene su contrario, y eso no es malo), nos mantenemos ahí, siendo la documentación nuestra propia opinión modificada como hecho, como que esto es así, que tiene que serlo. No es malo reconocer que cierta noticia en la que creíamos es errónea, que le faltaba documentación y contrastar más. Si algo nos gusta, tendemos a ensalzar de forma automática toda noticia relacionada, a veces con sólo leer el titular, tanto para bien como para mal. Si además el titular ya defiende cierto hecho o pensamiento, nos convertimos en ello. Y de eso avanzamos en el programa, sobre auto-falacias de la mente para convencerse y creerse más lista de lo que es. Nos pensamos inteligentes en todo, cuando somos susceptibles a todo tipo de información y acto premeditado para cambiar nuestra opinión. No somos inmunes a la sugestión, y nos convencemos fácilmente ante el bombardeo de datos. Si la noticia sobre cierta persona comienza definiéndonos cómo es, lo creeremos sin preguntar, asumiendo que es así, que a partir de ese único dato ya lo sabemos todo de esa persona, cuando un ser humano está compuesto/a por decenas de detalles. Es injusto que prejuzguemos a alguien sólo por un error o porque la primera noticia que tenemos es sobre su problema con el alcohol. Todos cometemos errores y no somos iguales, y todos los alcohólicos tampoco son iguales. Cuando no es así, sucede que conocemos a alguien a partir del humor momentáneo que define Internet, como conocer a Trump sólo por los memes. Yo era de votar a Hillary, y que ganara Trump no me ha afectado en absoluto, pues es presidente de un país que ni me va ni me viene. Es el país más influyente del mundo, en algo afectará, claro, pero de ahí a exagerar su persona es hasta estúpido. Centenas de noticias sensacionalistas sobre supuestos y posibles, seguir la corriente de “ha ganado el malo” e idioteces similares. Es tan futil e innecesario que los únicos que salimos perdiendo somos nosotros. ¿Qué sabemos de la política americana? Poco o nada, porque pocos saben que hay más partidos o que los “buenos” también son de derechas, esa parte política demonizada en nuestro país.
Vamos en contra de la guerra, cuando la practicamos a diario. Además, definir nuestras izquierdas y derechas en otros países no sirve, pues cada uno tiene sus sistemas, tamaño y economía. ¿Por qué los medios no muestran de forma tan brutal las elecciones de cada país del mundo? Está claro que el poder económico cuenta, y si ahora de repente nos hablan de un país del que ni sabíamos, nos volveríamos de un día a otro en defensores de su causa sólo porque lo ha dicho la tele. Y, ojo, lo defenderemos según como se nos diga, nada de documentarse y saber todos los detalles posibles, que eso da pereza y es más fácil lanzarse a discutir.
Y es en el programa que hablamos de Facebook y todos los datos que recoge de nuestras conversaciones y publicaciones. A la larga las categorías y definiciones deberían cambiar, pues una persona no para de hacerlo, aunque se lleva una tónica perdurable donde Facebook nos tendrá catalogados como “bulleros”, o lo que es lo mismo, discutidores y buscadores de peleas, afición o hobby bastante destructivo. Miramos el perfil de un usuario y comprobamos que le gustan los coches, y que comparte enlaces relacionados y que, en lugar de comentarlos con quienes responde, impone su verdad: la única, la verdadera, la juzgadora de quien comente, aunque vaya a neutral. A su vez Facebook recoge quiénes son los que siguen el juego, los cuales, o bien han aprendido la lección, o adoran a su dios particular, pues Internet es conocido por ensalzar. Lo decía Victor Hugo, que la fama es fea porque se confunde con el mérito. Adorar a alguien porque piense igual (o te haya hecho pensar igual) es tontería, no tiene gracia, y en la retroalimentación acaba sucediendo una auto-encerrona de la mente para reafirmarse en lo que creemos. De eso hablamos en el podcast, que siempre vamos buscando afirmar nuestras ideas y creencias, ignorando lo que no coincide, considerándolo enemigo (así de fuerte y triste). Cuando gana el PP de nuevo nadie se puede explicar el porqué, si en mi muro, las webs que leo y en Twitter y compañía todos eran de votar a los otros. Tenemos que recordar que nuestro apartado social no define al mundo, que de esa forma no tenemos en cuenta y dejamos de lado a millones de personas.
En lugar de discusiones, deberían haber debates. En un debate se pregunta más que se afirma, se escucha más que se defiende. Es de la opinión contraria de donde de verdad se aprende. En lugar de rebuscar el enfoque de cada cosa para que coincida con nuestra forma de pensar, se debería plantear distintos enfoques. Si piensas que alguien está equivocado (que es un idiota), piensa en sus circunstancias. Si es así será por algo, y si defiende tal postura tendrá sus motivos. Es fácil juzgar y no moverse del sitio, bastante injusto para quien, como tú, también tiene su vida, problemas e ideas. En un debate nunca se pierde, al contrario, se gana aprendizaje. Pero, ya nadie está para debatir, sino para luchar, para sangrar sin pensar si merece la pena o no, para encerrarse en una rutina de crítica constante, como si todos fueran el enemigo.


En fin, en el fondo todos somos iguales, nos sentimos igual de perdidos ante la vida y el mundo, solo que unos disimulan más que otros.


Es mi opinión, nada más. Un saludo.

jueves, 27 de octubre de 2016

Teorizando sobre el Humor


[27/10 14:59] Pedro: Yo estoy con la manía de hablar sobre el concepto del humor. Que tú controlas por haber hecho tiras cómicas

[27/10 15:00] Pedro: Pero lo de la charla, ya que lo tienes reciente, lo contagias

[27/10 15:00] Miguel: Hombre, por mi genial. Si quieres lo versamos en eso.

[27/10 15:00] Pedro: Tienes la energía ahí

[27/10 15:00] Miguel: ¿pero qué concepto en especial?

[27/10 15:00] Miguel: El humor internacional, los gustos, lo que antes era divertido y ahora no, los tópicos?

[27/10 15:00] Pedro: En sí, su evolución, motivo, cómo transforma el entorno y es lenguaje universal

[27/10 15:01] Miguel: Ooook.

[27/10 15:01] Pedro: Pero ya te digo que suele pasar que tenemos cien temas y tenemos que elegir

[27/10 15:01] Pedro: Pasa que estamos en blanco y conforme llega el día llegan mil ideas, jaja

[27/10 15:01] Miguel: Coñe, se puede plantear desde el primer chiste cinematográfico, el TBO, las caricaturas más antiguas y así todo.

[27/10 15:02] Pedro: En situación surgirá

[27/10 15:02] Miguel: Podemos teorizar sobre el primer chiste de la historia.

[27/10 15:02] Pedro: Una historia-repaso, no?

[27/10 15:02] Pedro: Cuál fue?

[27/10 15:02] Miguel: No lo sé. Pero podemos teorizar.

[27/10 15:03] Miguel: Yo el más antiguo del que tengo conocimiento es el de los tres deseos y la salchicha.

[27/10 15:03] Miguel: Y no sé si la caricatura de mono de Darwin es anterior a eso.

[27/10 15:03] Pedro: De hecho recuerdo esos chistes de la era babilónica, que hablamos de ellos, sobre pedos e infidelidades

[27/10 15:04] Miguel: En el fondo, una tragedia griega era también para hacer humor.

[27/10 15:04] Miguel: Anda, cuando hablasteis?

[27/10 15:04] Pedro: En la primera temporada, a saber qué programa, jaja.

[27/10 15:04] Miguel: De eso molaría charlar.

[27/10 15:05] Pedro: En plan los chistes más viejos documentados

[27/10 15:05] Pedro: Y era uno de pedos y otro de cuernos

[27/10 15:05] Miguel: Supongo que la cosa empezaria asi. El estilo de vida hedonista de los babilónicos por parte de Grecia daria para mucho.

[27/10 15:05] Miguel: Egipto no la veo muy de chistes, eran muu amargaos.

[27/10 15:06] Pedro: Chistes sobre la muerte, jaja

[27/10 15:06] Pedro: O de momias mal embalsamadas

[27/10 15:07] Miguel: El primer chiste igual fue una pintura rupestre"HOSTIA MIRA UN BISONTE""AAh" QUE VA, QUE ES COÑA EJEJEJEJE"

[27/10 15:07] Miguel: Y lo mataron.

[27/10 15:07] Pedro: Y a la vez nació el primer crítico, jaja

[27/10 15:07] Miguel: Primer chiste gráfico y primera crítica.

[27/10 15:07] Miguel: ESO.

[27/10 15:08] Pedro: Y por eso son inseparables, siempre matando uno al otro, jaja

[27/10 15:08] Miguel: De la peli de Mel Brooks.

[27/10 15:09] Pedro: Como ves, un tema lleva al otro

[27/10 15:09] Miguel: El chiste de Nerón "ya veras que risa cuando diga que fui yo" y cuando tiran a los leones a los cristianos ya se le fue de las manos la cosa.

[27/10 15:10] Miguel: O el chiste de enterrar al faraón y "a ver si me despierto"y el siervo "eh, no pasa nada, ya si eso nos quedamos en la tumba pa vigilar que no te despiertes AJAJAJAJAA" Y se lo tomó en serio.

[27/10 15:11] Miguel: Dios, da para documental de principio de historia de Mortadelo y Filemón.

[27/10 15:13] Miguel: De ahi sacamos temas como el sentido del humor las distintas formas de interpretar un chiste.

[27/10 15:15] Pedro: Olé, pues sí

[27/10 15:15] Pedro: Tiene su punto

[27/10 15:16] Pedro: Es dejarse llevar

[27/10 15:16] Miguel: Oh, mira

[27/10 15:16] Pedro: Y sí que es principio de cómic mortadelero, jjaa

[27/10 15:16] Miguel:

https://www.google.es/amp/amp.20minutos.es/noticia/403504/0/bromas/mas/antiguas/?client=ms-android-hms-tef-es

[27/10 15:16] Miguel: Si que hay chistes de faraones, y bondage, encima.

[27/10 15:18] Pedro: Jjajajaa

[27/10 15:19] Pedro: De esa simpleza a lo de ahora, y sin embargo se mantiene el tema, lo que hace vibrar y activa a la mayoría de personas

[27/10 15:20] Miguel: Si, ponno.

[27/10 15:20] Pedro: Lo que evoluciona es la cáscara, lo de fuera

[27/10 15:20] Pedro: Lo de dentro...

[27/10 15:20] Pedro: Eso mismo, jeje

[27/10 15:20] Miguel: En el fondo, los chistes porno siempre han estado ahí.

[27/10 15:21] Miguel: Los chistes representan anarquia, revolucion, burlarse del sistema.

[27/10 15:21] Miguel: Todo chiste guarda un grado de sátira. Y eso se ha mantenido siempre. Si no hay nada de lo que burlarse, no habria chiste.

[27/10 15:22] Miguel: En otras palabras... el humor siempre tiene a una víctima?

[27/10 15:22] Pedro: De nuevo: la opresión y lo que ello provoca con tal de sentir libertad aunque sea en el arte o ficción

[27/10 15:22] Miguel: Eeeexacto.

[27/10 15:23] Pedro: El humor siempre tiene una víctima... no del todo, porque podemos ver un pito gigante y partirnos

[27/10 15:23] Miguel: La esclavizada sociedad busca formas de aliviar su represión.

[27/10 15:23] Miguel: Hummm

[27/10 15:24] Pedro: O encontrar una cosa donde no corresponde y mearnos (o tener miedo/respeto, esa fina línea entre el humor y el miedo).

[27/10 15:24] Miguel: Tienes razon

[27/10 15:24] Pedro: El humor también parece combatir al miedo, aligerar cargas

[27/10 15:24] Miguel: Pero esas cosas grandes o pequeñas usualmente tienen a un espectador.

[27/10 15:25] Miguel: Como por etemplo, no te ries de ver el super pollon, te ries de las reacciones de la gente.

[27/10 15:25] Pedro: Pero vamos, lo que dices, la mayoría de humor siempre ha tenido una víctima, imagino que por efectivista

[27/10 15:26] Pedro: Bueno, y te ríes de tu propia reacción... ¿sistema de defensa contra lo ilógico?

[27/10 15:26] Miguel: Te da risa ver al Marshmallow gigante en Cazafantasmas porque la arma parda y la gente huye de él como si fuera Godzilla. Haria tanta gracia si solo estuviera en un aeropuesto vacio?

[27/10 15:26] Miguel: Hummm

[27/10 15:27] Miguel: No se, me ha venido esta comedura de tarro. Contagias, cabron, jaja.

[27/10 15:27] Pedro: La coña en sí de la forma del destructor funciona, pero que esté en la ciudad en plan peligro juega entre lo absurdo y ¿lo siniestro? ¿El peligro en sí?

[27/10 15:27] Miguel: Sacto.

[27/10 15:27] Pedro: Jajjaja, hay que comerse la bola alguna vez.

[27/10 15:28] Miguel: Lo absurdo es ver la cosa adorable gigante, pero esa cosa gigante ha de hacer algo para que de más risa.

[27/10 15:28] Miguel: Aunque sea ser observada por otro.

[27/10 15:28] Pedro: Mira el humor negro, en el fondo trata cosas serías, pero te partes igual de tus propios muertos

[27/10 15:28] Miguel: Como Beauty en Bobobo

[27/10 15:29] Miguel: El autor pone a Beauty para que sea testigo de las burradas. Nosotros realmente nos reimos de ella cuando lo flipa.

[27/10 15:30] Pedro: O también la situación en la que se han metido los Cazafantasmas. Es el problema en sí lo gracioso, y buscar soluciones supone algo absurdo, hasta que cruzan los rayos y tienes satisfacción por solución seria y de paso rememorar algo ya nombrado

[27/10 15:30] Miguel: Si aunque el humor negro es complicao, requiere a un publico más abierto.

[27/10 15:30] Miguel: Cierto.

[27/10 15:31] Pedro: Beauty es nuestra Watson o Alicia, nos ayuda a meternos en el absurdo.

[27/10 15:31] Miguel: Eeeexacto

[27/10 15:31] Miguel: A eso voy

[27/10 15:31] Miguel: En el humor necesitamos a alguien normal sufriendo.

[27/10 15:32] Pedro: Alguien cuerdo

[27/10 15:32] Miguel: Alguien a) con quien empatizar o b) a quien humillar.

[27/10 15:32] Miguel: Sea como sea, siempre será una víctima.

[27/10 15:32] Miguel: Eeeeso; y cuerdo, eso es lo importante.

[27/10 15:32] Pedro: Necesitamos lógica a mano para comprender lo retorcido

[27/10 15:33] Pedro: Para comparar

[27/10 15:33] Miguel: Ejemplos, Mortadelo y Filemón.

[27/10 15:33] Miguel: El gordo (normal) y el flaco (caos)

[27/10 15:33] Miguel: Mortadelo (caos) y Filemón (normal)

[27/10 15:34] Pedro: Cierto

[27/10 15:34] Miguel: Los de Big Bang Theory, Leonard (normal) Sheldon (caos)

[27/10 15:34] Pedro: Si los dos están locos, entonces serán los secundarios los cuerdos para que la cosa funcione

[27/10 15:34] Miguel: Beauty (normal) Todo lo demás (caos)

[27/10 15:34] Miguel: Nobita (SE SUPONE que normal) Doraemon (caos)

[27/10 15:35] Miguel: Exacto, como los Hermanos Marx

[27/10 15:35] Pedro: Espera, Doraémon es el normal, es la responsabilidad de éste que llega Nobita y se mea encima.

[27/10 15:35] Miguel: Los tres son el caos, y la pareja del filme a la que ayudan son los normales.

[27/10 15:36] Miguel: Ya... pero se supone que en el manga empezó siendo al revés.

[27/10 15:36] Pedro: El mundo necesita de vez en cuando un poco de caos para recuperar sensatez.

[27/10 15:36] Miguel: Se le metia de gorra y era tan torpe que le empeoraba el futuro.

[27/10 15:36] Miguel: Cierto.

[27/10 15:37] Pedro: Si la ficción te hace daño, pondrás los pies en el suelo

[27/10 15:37] Miguel: Que mas... ? Mira, Charlot mismo era a la vez normal y caos.

[27/10 15:37] Pedro: Era equilibrado

[27/10 15:37] Miguel: O Buster Keaton.

[27/10 15:37] Pedro: Mola hasta en eso, jaja

[27/10 15:37] Pedro: Igual

[27/10 15:37] Miguel: Y Lloyd.

[27/10 15:38] Miguel: Eran humoristas solitarios y la gracia era ver que se metian en un lio y trataban de arreglarlo como si fueramos nosotros mismos... y lo empeoraban sin qierer.

[27/10 15:38] Miguel: Esa es la mayor burla, la burla a nosotros mismos

[27/10 15:39] Miguel: Mr.Bean sí era caos, y por tanto sí requería a un secundario "víctima"

[27/10 15:39] Pedro: Que tuvo la idea del condensador de fluzo a partir de un golpe en la cabeza, ¿acaso la mayor lógica nace de un momento o idea absurda? ¿Se trata de ordenar el caos?

[27/10 15:40] Miguel: Ejejejeje me referia a Harold Lloyd pero tambien sirve, jajaja.

[27/10 15:40] Pedro: Mr. Bean era EL MAL, pero se le quiere, jaja

[27/10 15:40] Miguel: El normal es Marty, Doc es el caos. XD

[27/10 15:40] Pedro: Aps,.fallo mío 😅

[27/10 15:40] Miguel: Nonono, tambien funcionan como duo comico.

[27/10 15:41] Pedro: McFly y Doc

[27/10 15:41] Miguel: McFly normal, Doc caos.

[27/10 15:41] Pedro: Tanto que surgió Rick y Morty, que enorgullece de mostrar tal cual a la pareja

[27/10 15:41] Miguel: Chiquito y Bigote Arrocet son caos y Drácula normal QUIEN LO DIRIA

[27/10 15:41] Pedro: El concepto trasladado, llevado más allá

[27/10 15:41] Miguel: Eeexacto

[27/10 15:41] Pedro: Jajajajjakakakakakaja

[27/10 15:42] Pedro: ¡Pero qué dice señor conde!

[27/10 15:42] Miguel: Tiooo que mal me sabe, esto sí que molaria en el podcast, lo estamos derrochando aqui...

[27/10 15:42] Pedro: Al final Brácula será de culto y todo.

miércoles, 8 de junio de 2016

Matemática Robada

Este post va dedicado a @miguidotcom.


La unidad son Julios.




52! = 52*51*...1 = 8.0658x1067


- Pon un cronómetro para contar hasta 52! s.
- Ponte en el ecuador y da un paso cada 1000 millones de años.
- Una vez des la vuelta a la Tierra, coge una gota de agua del Pacífico.
- Cuando hayas vaciado el océano, pones una hoja de papel en el suelo y repites el proceso.
- Cuando la pila de hojas llegue al Sol, miras el reloj.
- Todavía quedan 8.063x1067s.

Para gastarlo:
- Baraja un mazo de 52 cartas. Coge 5 cartas cada 1000 millones de años.
- Cada vez que saques una escalera real, compras un ticket de lotería.
- Cada vez que ganes la lotería, echas un grano de arena en el Gran Cañón del Colorado y repites.
- Tras haber llenado el Gran Cañón, es hora de quitar 1 onza (~28g) del Monte Everest, vacía el Gran Cañón y repite.
- Una vez que el Monte Everest ha desaparecido, mira el reloj. Quedan 5.364x1067 s.

Hay que repetirlo 256 veces

Ap. 1069J es la masa-energía total del universo observable

sábado, 7 de mayo de 2016

Anti-reseña a la película de Momo





Que el cine comercial es de dudosa calidad siempre ha sido algo relativo desde hace décadas. Se considera a los ochenta y principios de los noventa como un antes y después del cine, pero temo que el factor nostalgia siempre ha sido más fuerte que la razón; que una década sea un éxito en cifras no significa nada a nivel artístico. Los Cazafantasmas molan, son originales y creativos, pero no son más que carne para merchandising y pronto reboot, remake o reshit, como quieran llamar ahora a los productos que siempre han estado.
Confieso que mi reseña ya se nota y huele requemada, y no es para menos:
La película de Momo.
Basada en el libro de Michael Ende, aquel que brindara al mundo su humanismo bajo la forma de libros como el citado, El Ponche de los Deseos o La Historia Interminable, ha sido maltratado de nuevo tras aquellas lejanas pero bien recordadas películas interminables (casi nunca mejor dicho). En serio, dejad el factor nostalgia, matadlo sin miramientos y volver a visionar las películas de La Historia Interminable. Salvo por buenos efectos que harán del deleite de los más jóvenes, tiene la profundidad de una piedra lanzada al mar, o sea, algo tan olvidable como irrecuperable aunque se revista de un momento nostálgico en la playa, jugando sin piedad con esa fibrilla que vibró cuando leímos el libro.
Y es que, por favor, que sea una adaptación no significa que vaya a ser lo mismo.
Una adaptación es lo que es y está en su derecho de tomar licencias para poder llevar la obra a otro terreno que no es el suyo. Cuando lees un libro donde la narración y el estilo son una maravilla de la elaboración, ten por seguro que por lógica en cine no será lo mismo, es un aspecto que se tiende a confundir, a tener como prioridad a la hora del visionado. La literatura es un campo abstracto y el cine es un medio visual, son incompatibles salvo en su naturaleza artística o de ideas. Ese punto en común, por mínimo que sea, es la excusa perfecta para adaptar, ya sea porque al director o al guionista les haya gustado demasiado cierto libro o porque los productores comprueban cuál es el best-seller del momento con posible potencial.
Nada nuevo bajo el sol.
Hasta ahora.
Mi enojo y falta de objetividad se debe al despropósito que han hecho con Momo. Hubo una adaptación animada y otra de imagen real tan torpes como inocentes, y se les perdona. Pero esto, esto…
Y todo comenzó con Tim Burton, como siempre.
Soy fan aférrimo de los libros de Alicia. La película de Disney me afectó cuando crío y re-descubrí ese mundo siendo adolescente tardío, percatándome del estilo único, los juegos de palabras (aun siendo traducciones, buen trabajo) y la imaginación que llegó a tener este matemático (matemáticas, he ahí una de las claves del éxito de Alicia o Momo, pero esa es otra historia). A partir de aquí se creó un género basado en las aventuras de un infante en un mundo que le supera por lógica, alegoría en paralelo a lo que le puede suponer a un niño la aventura de comprender el mundo, en ocasiones tan contradictorio. Es llevar el género infantil o de aventuras a un plano más abstracto y profundo. Trabajos como Coraline, El Viaje de Chihiro, Dentro del Laberinto o decenas de series infantiles continúan el legado, enseñando a los chavales en un plano que no se puede explicar con palabras, todo aderezado de gran imaginería. Una de las esencias de Alicia es el enfrentamiento de la lógica digna de una niña marimandona contra los abstractos de dos mundos al revés. Los niños están llenos de imaginación e inexperiencia, pero si tienen que corregir a un adulto, lo hacen, si tienen que responder bien en clase, lo hacen, y si ven algo fuera de su lógica como personas lo corrigen sin preguntar. Esos detalles que hacen humanas a las historias de Alicia sólo se plasman en la adaptación de Disney, por parte del resto juegan a lo fácil como si, como siempre, la gente fuera tonta. Si un niño lee un libro aprende e incluso comprende conceptos, ¿por qué no va a suceder así con una película?
Otra de las gracias de estas obras es que son atemporales, y eso también significa que se pueden leer a cualquier edad. El Hobbit es un grandioso ejemplo, obra maestra de una tarde o dos que evoca esa emoción del inicio de un viaje, metáfora de comenzar proyectos o encontrar novedades en una vida rutinaria arraigada en la comodidad: si vas a por los problemas (el dragón), obtendrás tu recompensa. Pero no, llegó el gordo de Hollywood y triplicó la mancillación. Tres películas de una novela corta, ¡toda una oda a la superación! Si se puede hacer peor, se hará.
Da igual cómo sea una adaptación mientras respete la esencia. Si es difícil de conseguir, no lo toques, o espérate, porque jamás perdonaré el modo en que la película de El Hobbit corrompe con gusanos metafóricos unos de los mejores capítulos escritos como es “Acertijos en las Tinieblas”. En el libro es emocionante, da miedo, despierta la mente, alimenta la ilusión que se hace uno de la escena y hace partícipe al lector. En la pantalla es una escena sosa, un diálogo de tantos que juega con la interpretación que nos acostumbra la mayoría de películas comerciales, y encima con dos buenos actores. Bravo, Peter, creía que era imposible fastidiarla con esa escena.
Pero el dinero llama al dinero.
Como comentaba, todo empezó con Burton, o quizá antes, pero mi mente me coloca en él. Su adaptación de Alicia (con pronta segunda parte) es aburrida y tópica, algo impensable e imperdonable al tratarse de una historia basada en el imaginario de Alicia. Hasta los fan-fiction y segundas partes apócrifas tienen más cariño y emoción. Es que, claro, es Tim Burton, y como tuvo su época dorada ya el resto será digno, atrapados en un juego muy similar al del factor nostalgia. No quedan ni resquicios de él, el hombre lo sabe, pero el cheque llama y alude, y el pobre siempre se promete no volver a caer. Se dice hacerlo mejor y volver a sus orígenes, y cumple e insiste por esa película innecesaria de su primer cortometraje (un perro-frankenstein sólo funciona en corto, la verdad), por “Pesadilla antes de La Novia Cadáver” o por esa inminente segunda parte de Beetlejuice. Sin palabras.
Aun con esa falta de esfuerzo creativo que se pasea por Alicia de Burton, es magia en comparación a la película de Momo.
¿Cómo empezar? Llevo mil palabras para intentarlo. Sabía que este momento iba a llegar, y aún me siento incapaz.
En fin. Vamos allá.
La idea original de Momo juega con el corazón de forma creativa y entrañable, encima haciéndote pensar. Toca hilos del alma que sólo se puede entender cuando se lee. Llevar el concepto del tiempo a lo infantil, lograr una oda a la imaginación como pocas veces se ha escrito es una tarea admirable. Ende estuvo fino en su inspiración, y generaciones de lectores le debemos la vida interior.
Este libro nos habla de la infancia (Momo y sus amigos), del trabajo bien hecho con calma (Beppo), de lo peligroso que es ver cumplidos algunos sueños o deseos así como del paso del juego a la responsabilidad (Gigi) y, sobre todo, del tiempo, de la importancia que tiene algo que no existe físicamente y que sin embargo define al mundo. El libro agarra al tiempo y nos enseña su otro lado, su matemática oscura bajo la forma de Los Hombre Grises, seres que bien podríamos ser cualquiera de nosotros una vez pasamos la infancia.
En la película no veo nada de esto: NADA. De hecho hasta se burlan cuando Momo insinúa a Beppo toda la faena que aún le queda por hacer y éste resopla y responde en supuesto gag cómico.
Es, es… me duele, es increíble lo difícil que es lograr eso aunque se hubiesen copiado tal cual las escenas. Desde la personalidad de Momo, más típica a una chavala adolescente actual (de películas, no de la realidad), hasta ese villano principal que sacan de bajo la manga que incluso por momentos parece ir en contra de sus propios ideales y propósitos. Todo está mal, todo, desde los actores a los efectos especiales que sólo sirven para rellenar el vacío de la historia (aunque si la hubiese dirigido Tim Burton todo el reparto hubiese sido Johnny Depp). Sentí vergüenza ajena, lo juro, en el momento en que Momo sigue a Casiopea por el borde del tiempo, por esa representación poco disimulada de las calles de Nueva York como si no existiesen más conceptos de ciudad que no sean esa o Los Ángeles, por esos brillos gratuitos que acaban mareando o esa escena de una supuesta catarata temporal donde Momo tiene que usar sus habilidades ninja para salvarse, escena que recuerda demasiado a Piratas del Caribe o la escena de los barriles de la segunda del Hobbit. Son momentos de acción en una película que no lo necesita, son rellenar minutos en una película que no necesita durar dos horas, una ironía al mensaje original del libro, pues parece ser que hoy necesitemos películas cada vez más largas con tal de llenar el tiempo con lo que sea. Que ya que he nombrado lo de los piratas, menuda decepción y heraldo de lo que acontece cuando esperaba la escena en que lo niños juegan imaginando ser piratas hasta el punto de vivirlo, pues es un capítulo del libro que hace regresar a la infancia, y me encuentro en la película una escena donde los críos hacen el tonto, con referencia a Peter Pan como si tuviese algo que ver (por no mencionar el rancio superhéroe-pirata que se inventa uno de los niños para dejar clara su obsesión por Los Vengadores), ignorando enseguida para continuar una trama que aún se alargará por dos horas…
Dos horas de puro hueco. Un agujero negro en un punto de mi vida.
Estafado, me siento así, pero no a un nivel expresivo, monetario o mental, sino del alma, y eso que no soy religioso. Siento que me han llamado de idiota para arriba hasta el punto de ofender de una forma cercana a la depresión. Es increíble el afán que tiene el cine comercial por mantenerse encerrado en su fórmula sin importar cuál sea la obra. Hay que meter acción, un villano muy malo atrapado en sus ideas, efectos cargantes que cumplen la función de un llavero agitado frente a un bebé; humor, más humor, personajes molones porque lo saben hacer todo, humor contemporáneo que envejecerá mal, un/a protagonista vacilón/a con su falta justa de personalidad para poder identificarse, el personaje rejuvenecido de turno para que pueda ser el noviete y chico guapo (escena sin camiseta incluida aunque sea un crío) y dos frases filosóficas para creer que estamos ante una película profunda. Lo único que adaptan bien para los tiempos de ahora es la obsesión por las tecnologías, posible perjuicio e imaginación contaminada para las generaciones más jóvenes, aunque…
No. Jamás esta palabra había tenido tanto sentido.
No se trata con mi reseña interpretar al tópico del gruñón que no le gusta que le toquen sus cosas. Hay adaptaciones que adoro aunque suden del original, pero porque mantienen la esencia, porque han entendido de qué va la cosa y se esmeran en plasmarlo. Hay una película ochentera y alternativa del Mago de Oz que sólo se parece al original por la protagonista, y aun así da lo mismo, te ofrece esa aventura, esos personajes con carisma, esa lección que no se explica y que entiendes.
Pero es que ahora, en fin, hay que explicarlo todo. En el libro de Momo el mero hecho de ver cómo actúan Los Hombres Grises es suficiente para comprender qué nos quiere decir el autor. Un niño puede perderse en el concepto, pero lo pilla, sabe de qué va la cosa y aprende de ello porque una acción vale más que mil palabras. Y llega la película y te suelta un discurso final gratuito sobre el tiempo que logra romper toda la narración acontecida. Es como cuando te explican un chiste, ¿a que fastidia? Pues imagínalo a nivel épico después de dos horas.
Esta película es atemporal, pero porque debería existir fuera del tiempo.
A nivel comercial cumple, es otro éxito de tantos para el cine de este tipo. Pero a nivel humano es un desastre. No se trata que el mundo lo sepa ver, de convencer a nadie, se trata de que ya está bien que nos traten de tontos. Me da igual que se use el arte para vender, es legítimo. Lo que me mata es que uno escriba una historia con todo el cariño del mundo y llegue el aprovechado que va de o para empresario y se aproveche de ello como si tuviese el derecho o la superioridad moral, y más cuando ya se está muerto.
Los cuentos y novelas infantiles son lecciones universales para todas las edades. Crean legado y se cuenta la misma historia y mensaje una y otra vez porque es necesario, acaso una verdad que necesita ser dicha.
En lugar de una adaptación de Momo, me he encontrado con otra piedra en el camino para ser mejor persona. De haber estado bien hecha, habría resucitado esas lecciones y momentos que viví con la Momo real de mi imaginación, un repaso a la esencia de la vida.
Masoquista de mí seguiré viendo cine comercial, temiendo que la próxima que pondré a parir será la de IT. Al menos no todas son películas pare odios, pero ofende que luego te traten de gafapasta porque prefieres el cine de autor. Al menos ellos no tratan a nadie de tonto, todo lo contrario. Esa es la gran diferencia que habla mucho del público de hoy día. No quiero ir de héroe cultural, pero me es imposible apartar la vista ante lo que es una injusticia. Si uno puede denunciar por lo que le ha ofendido o dañado en extremo, ¿se puede dar el caso con una película?
Injusticia. Eso es lo que ha sido esta película. Ojalá exagerara.


Como alguno ya se habrá percatado, la película de Momo de la que trato no existe. La reseña es un intento de visión sobre el futuro. Tarde o temprano volverán a hacer un remake de La Historia Interminable que funcionará a nivel comercial, y con ello vendrá Momo. A menos de que la dirija Guillermo del Toro (como casi pasó con El Hobbit, vaya), van a lograr que los amantes del libro soñemos sangre. Quizá exagero en mi apreciación, aunque en este caso sí puedo asegurar que el factor nostalgia no tiene nada que ver y sí los hechos.
Un saludo y gracias por su comprensión.

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